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Camila Gigli (OG 2017), fue reconocida como la mejor egresada de Medicina de Chile

hace un mes

Hay reconocimientos que emocionan no solo por el premio en sí, sino por todo lo que representan. Para Camila Gigli, recibir el reconocimiento como la mejor egresada de Medicina de Chile fue uno de esos momentos que condensan años de esfuerzo, convicciones y camino recorrido.

“Estaba muy sorprendida. Había ido a la ceremonia para recibir el reconocimiento como la mejor de mi universidad, pero nunca esperé obtener el premio al mejor de los mejores”. Y cuando miró a su familia, la emoción fue inevitable: “ver lo orgullosos que estaban y sentir que todo el esfuerzo que hicimos para llegar hasta aquí había sido reconocido fue muy significativo. El apoyo de mi familia ha sido clave para llegar a donde estoy hoy”.

Este premio tuvo, además, un valor especial para la Cami porque no se trató solo de notas, sino que reconoció una trayectoria completa, integral, donde el estudio convivió con el deporte, el compromiso social y la vida en comunidad. Como ella lo describe, “valora actividades que hice porque realmente me llenaban, me ayudaban a despejarme y a disfrutar la carrera”.

Desde mucho antes de entrar a Medicina, la Cami ya había aprendido esa lección. “Creo que desde el colegio me di cuenta de que tener actividades fuera del estudio me ayudaba a rendir mejor”. Entre entrenamientos de tenis, colonias, trabajos de verano y el movimiento scout, aprendió a organizarse y a entender que mientras más motivada estaba, mejor aprovechaba su tiempo.

Esa misma lógica la llevó a la universidad, entre estudios exigentes, entrenamientos, operativos médicos y amigas que la salvaban con los apuntes, hubo una prioridad que nunca transó: el deporte. “Me hace muy bien, sobre todo en lo mental. Me ayuda a regular el estrés”. También cuidó algo que para ella fue clave: dormir siempre sus ocho horas porque “sabía que sin eso no iba a rendir bien”.

¿Hubo sacrificios? Claro que sí, “lo que más sacrifiqué fue el carrete. Participé, pero muchas veces iba manejando o no me quedaba hasta tan tarde”. Hoy, si se sentara a tomar un café con una alumna que sueña con estudiar Medicina pero teme al estrés, la Cami es clara. “Es una carrera exigente y requiere estudiar mucho, pero con prioridades claras y buena organización es totalmente posible mantener hobbies, hacer deporte y tener espacios que hagan el camino más llevadero. Hablar desde mi experiencia no significa que sea igual para todos, pero en mi caso, el equilibrio hizo que rindiera mejor”.

Al mirar hacia atrás, reconoce con fuerza la huella que dejó su paso por el colegio. “El Saint George’s me dio la base para rendir bien en la universidad. Me enseñó a estudiar desde chica, a trabajar en equipo y a participar en actividades más allá de lo académico”. Su participación en proyectos sociales, el scoutismo y luego el liderazgo como jefa marcaron también su vocación. “Eso influyó en que quisiera ejercer una profesión con un fuerte componente social”.

Hoy mientras se especializa en cirugía pediátrica, ese camino cobra aún más sentido. “La conexión con los niños comenzó ya desde el colegio”, dice, cerrando un círculo que une formación, vocación y propósito. La historia de la Cami es un recordatorio potente donde el éxito no siempre se construye renunciando a todo, sino aprendiendo a equilibrar, a apoyarse en otros y a avanzar con convicción. 

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