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Catalina Atria (OG 1999), madrina de la OGA: "Como comunidad podemos hacer mucho"

hace un día

Hay amistades que se mantienen en el tiempo y otras que cuando más se necesitan, demuestran toda su fuerza. Para Catalina Atria (OG 1999), convertirse en madrina de la OGA fue justamente eso: encontrar una manera concreta de acompañar a una amiga de toda la vida que estaba atravesando un momento muy difícil.

La campaña nació cuando una familiar de su compañera se acercó a la OGA buscando apoyo. La Cata no dudó en sumarse y asumir el rol de madrina, convencida de que podía hacer mucho más que brindar contención desde lo individual.

"Fue la oportunidad para que yo, como su amiga y compañera, pudiese ser útil más allá del apoyo individual, que siempre tiene un límite. Estoy muy contenta de haber podido participar".

Aunque conocía parte de la historia de su amiga, esta experiencia le permitió descubrir la verdadera dimensión de la situación que llevaba enfrentando durante años.

"Muchas personas que viven realidades complejas se acostumbran a hacerlo siempre solas y en silencio. Me impactó darme cuenta de que no conocía realmente la profundidad de lo que estaba viviendo. Ella es una persona muy fuerte, pero incluso las personas fuertes necesitan apoyo."

Para la Cata, ser madrina significó hacerse presente de una forma tangible. No solo organizando una campaña, sino también ayudando a abrir nuevas posibilidades para alguien que quiere profundamente.

"Era mi manera de estar ahí. La campaña permitió multiplicar el apoyo que yo sola nunca habría podido entregar. Más allá de lo material, creo que le permitió ordenar parte de su realidad, comenzar nuevas etapas y, ojalá, verse a sí misma como la vemos quienes la queremos: una mujer sumamente fuerte y capaz".

Uno de los aspectos que más la emocionó fue ver cómo la comunidad Old Georgian respondió con rapidez y generosidad. Compañeros de generación, exalumnos mayores y menores e incluso personas con las que nunca había coincidido en el colegio, se unieron para ayudar.

"Fue muy lindo ver cómo tantos compañeros no dudaron en apoyar. Recordaban momentos compartidos con ella y querían hacerse parte. Incluso me escribieron personas de generaciones con las que nunca nos cruzamos, pero igual se sentía como si nos conociéramos. El apoyo fue potente, rápido y muy emocionante".

Esa respuesta no es casualidad porque cree que es el reflejo de los valores que el colegio sembró desde los años escolares. "El colegio nos inculcó la empatía y el servicio a través de las colonias, comunidades, trabajos de invierno y tantas otras experiencias. Pero además nos hizo parte de una red donde seguimos incluidos hasta hoy. He trabajado como profesora en distintos países y nunca he visto un vínculo entre exalumnos y su colegio como el que tenemos los georgianos. Hay una cercanía y una complicidad muy especial, incluso con personas que nunca conociste en los pasillos. Esa comunidad sigue viva y se refleja todos los días en la OGA".

A quienes hoy están viviendo un momento difícil y aún no se atreven a pedir ayuda, la Cata les deja un mensaje claro, "las cargas pesadas no pueden llevarse bien en la individualidad. Debemos apoyarnos en otros y también apoyar a otros para vivir mejor. Tenemos el privilegio de pertenecer a una comunidad enorme donde sostenemos y somos sostenidos. Hay que atreverse. Además, Pablo y Meche hacen una labor increíble, con mucha vocación y profesionalismo".

Al final, cuando intenta resumir qué significa ser madrina de la OGA, vuelve a la idea que marcó toda su experiencia: "No podemos hacer mucho en la individualidad; pero en la colectividad, como comunidad, podemos hacer mucho".

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