Cuando el diseño se transforma en identidad: Cristián Cáceres (OG 1998) es el creador del logo de los 90 años
hace 2 díasEn el marco de los 90 años del Saint George’s College, hay hitos que no solo se celebran, sino que se construyen. Y uno de ellos es el nuevo logo conmemorativo, una pieza que acompañará todo lo que vivamos como comunidad durante este año.
Detrás de este trabajo está Cristian Cáceres (OG 1998), Director General Creativo de la agencia Cabeza, quien ha recorrido un camino profesional marcado por la creatividad, la estrategia y la construcción de ideas con sentido. Pero más allá de su trayectoria, lo que hace especial este proyecto es el lugar desde donde nace.

Recibir la invitación para diseñar el logo de los 90 años no fue solo un desafío profesional, sino también una experiencia profundamente personal. Tras más de dos décadas desde su egreso, Cristian describe este momento como una mezcla de orgullo y gratitud. Gratitud por todo lo vivido: los amigos, las experiencias, los valores. Y orgullo por poder volver al colegio desde su oficio, aportando a un hito que marcará a toda la comunidad. Además, ese vínculo se resignifica desde otro lugar: como apoderado, viendo a sus hijos vivir su propio camino en el colegio.

Representar 90 años de historia en una sola pieza no es menor porque el desafío no era solo conmemorar, sino lograr algo que se sintiera propio, un símbolo en el que distintas generaciones pudieran reconocerse. Para eso, el enfoque fue claro: encontrar un equilibrio entre historia y vigencia. Rescatar lo esencial (los valores, los códigos, la identidad) y traducirlo en un lenguaje actual, simple y cercano. Porque cuando una comunidad se reconoce en lo que ve, el diseño deja de ser solo diseño. Pasa a ser parte de su historia.
Uno de los conceptos centrales del logo es el fuego, no solo como elemento visual, sino como símbolo profundo del espíritu georgiano: la fe, la pasión, la convicción y la comunidad. Ese fuego nace del dragón y se proyecta en el número 90, que no se impone, sino que emerge desde el propio escudo. La cola y la lengua del dragón se transforman en forma, en movimiento, en significado.

Ahí conviven dos dimensiones: lo terrenal, lo concreto, lo que sostiene; y lo espiritual, lo que impulsa, lo que trasciende. En el centro, una llama que permanece encendida. Un corazón que representa aquello que no ha cambiado en nueve décadas.
Para Cristián, este proyecto no se vive como un trabajo más, es una forma de volver a ser parte, desde otro lugar y de aportar con lo que sabe, al mismo tiempo que se conecta con lo que fue. Porque este logo no es solo una imagen, es una marca que acompañará momentos, encuentros, celebraciones y será parte de los recuerdos que construyamos este año.
Y quizás ahí está lo más importante: que deje de ser “de alguien”, y pase a ser de todos. Que la comunidad lo haga propio y que como el fuego que representa, siga vivo en cada uno de nosotros.