Emperatriz Castel (OG 1994) lleva la ciencia desde el laboratorio hasta las personas
hace un díaDespués de más de diez años trabajando en publicidad, Emperatriz Castel (OG 1994) aceptó una invitación de Constanza Maccioni (OG 1994), que cambiaría por completo su camino profesional: ayudar a transformar los descubrimientos científicos de su padre, el doctor Ricardo Maccioni, en soluciones que pudieran llegar a las personas. Así comenzó su historia en Neuroinnovation.
Emperatriz es publicista de profesión y durante más de una década trabajó en agencias. La ciencia y las neurociencias no parecían, en ese momento, el destino más evidente para su carrera. Sin embargo, su padre, reconocido investigador especializado en Alzheimer, la invitó a participar en un proyecto de ciencia aplicada.

El desafío era enorme: tomar tecnologías desarrolladas en el Centro Internacional de Biomedicina, ICC, y encontrar la forma de convertirlas en productos concretos. Entre ellas había una herramienta para apoyar la detección temprana del Alzheimer y tecnologías asociadas a moléculas estudiadas por su potencial en esta enfermedad. “Tuve que aprender muchos temas científicos para entender cómo se debían escalar y ‘empaquetar’ estas tecnologías para generar productos funcionales”.
Así comenzó su vínculo con Neuroinnovation, empresa de base tecnológica creada para llevar al mercado la investigación desarrollada por el Centro ICC.

Cuando Emperatriz ingresó a la empresa, en 2011, hablar de emprendimientos científicos o de transferencia tecnológica todavía era algo relativamente nuevo en Chile. No existía un ecosistema especialmente favorable para financiar proyectos que requerían años de investigación, validaciones y estudios antes de convertirse en productos comercializables.
El proceso incluía patentar las tecnologías, validarlas, realizar estudios y cumplir diferentes exigencias técnicas y regulatorias. Todo con una idea muy clara, que su padre resumía en una frase “desde el laboratorio a la cama del paciente”. Es decir, que un descubrimiento científico no quedara solamente en una publicación o dentro de un laboratorio, sino que pudiera transformarse en una aplicación capaz de beneficiar a las personas.
Esa misión terminó por cautivar a Emperatriz. Desde entonces, gran parte de su trabajo ha consistido en gestionar proyectos, formar equipos, crear redes y buscar financiamiento público y privado para continuar desarrollando tecnologías avanzadas hechas en Chile. Para ella "hacer investigación es carísimo. Los recursos humanos, los reactivos, las maquinarias y los estudios clínicos requieren una enorme inversión. Hemos tenido que tocar muchas puertas e ingeniárnoslas para seguir avanzando”.
Actualmente, Neuroinnovation financia parte de su investigación con los ingresos generados por sus productos y servicios, junto con fondos provenientes de proyectos y colaboraciones con universidades, empresas y centros de investigación.

Para Emperatriz, estas redes son fundamentales. En ciencia, explica, difícilmente se puede avanzar solo. La colaboración permite sumar capacidades, mejorar las tecnologías y acercarlas a su implementación.
La empresa continúa trabajando en diferentes líneas vinculadas con las neurociencias, entre ellas herramientas de apoyo para la detección temprana de alteraciones asociadas al Alzheimer, tecnologías de estimulación cognitiva y productos enfocados en el cuidado de la salud cerebral.

A lo largo de este recorrido, uno de los mayores aprendizajes de Emperatriz ha sido entender que cada tecnología requiere mirarse desde muchas perspectivas distintas.
No basta con comprender la ciencia. También hay que conocer la operación, las regulaciones, la producción, el mercado y la forma en que finalmente llegará a las personas. Su consejo para otras mujeres que quieran emprender en ciencia e innovación es directo: comprometerse profundamente, rodearse de un buen equipo y desarrollar mucha resiliencia, “no darse por vencida es fundamental”. Hoy aproximadamente el 80% del equipo de Neuroinnovation está compuesto por mujeres, algo que representa un orgullo especial para quienes trabajan tanto en la oficina como en el laboratorio.
Cuando Emperatriz mira hacia atrás y piensa en las herramientas que recibió durante su paso por el Saint George’s, hay una frase que aparece inmediatamente derecho a lo difícil. “Emprender no es fácil. Exige disciplina, temple, coraje y constancia. El colegio me ayudó a construir una base para enfrentar esos desafíos con sentido ético, compromiso y vocación de servicio”.

A esa formación se sumaron las experiencias de su familia, parte de su infancia vivida en Estados Unidos y, especialmente, la influencia de su padre. Hoy también reconoce ese mismo impulso en muchos compañeros de generación que se han atrevido a innovar, crear proyectos y recorrer caminos poco tradicionales.
La historia de Emperatriz y Neuroinnovation habla precisamente de eso: de aceptar un desafío para el cual no existía un camino trazado, aprender un lenguaje completamente nuevo y perseverar para que años de investigación científica puedan transformarse en soluciones al servicio de las personas.